sábado, mayo 23, 2015

Aporte Informativo PLATERIA CRIOLLA

Platería Criolla: Orígenes, significado y desarrollo de un país signados por un noble metal.

Los navegantes hicieron posible el conocimiento de regiones separadas de Europa por un océano en el que se presumía, de acuerdo a generalizadas teorías, que terminaba el plano de la tierra y que se abría un abismo incomprensible. El descubrimiento del nuevo mundo se llevo a cabo bajo contradicciones y malentendidos. Así nació América.

Muchos de los marineros que conformaban la tripulación de las naves se transformaron en conquistadores, marineros por necesidad que contaban con la asistencia de verdaderos hombres de mar, pilotos, timoneles, expertos en navegación costera de bajo calado y hasta artesanos. Las tripulaciones eran cosmopolitas, la posibilidad de hacer fortuna en esas largas e impredecibles travesías atraía a europeos de diferentes nacionalidades. El imaginario de los conquistadores que se lanzaron a surcar nuestras aguas en busca de riquezas materiales las dotaron de un singular nombre, Río de La Plata. Se creía que este inmenso Mar dulce era el principio de una larga ruta que llevaría a los conquistadores a un tesoro incalculable. Sebastián Gaboto, había recogido muestras de plata que envió a España, incluso los primeros españoles se sorprendieron al ver a los indios Pampa adornados con pulseras de “liglien” (plata en araucano).


El destino quiso también que las tierras que luego conformarían la nación estuviesen ligadas a este metal. En 1554 en un mapa de Diego homem aparece como "terra argéntea" al territorio que hoy ocupa nuestro país e Inspirado por el nombre del río, el cura y poeta Martín del Barco Centenera compone en 1602 un largo poema que llamará “Argentina y conquista del Río de la Plata con otros acaecimientos de los reinos del Perú, Tucumán y el Estado del Brasil”. Allí aparece por primera vez el nombre de Argentina,  derivada del latín “argentum” que se traduce como plata.
Ya tenemos un contrapunto con similitudes; la plata como nombre y luego como expresión señalará los rasgos característicos de nuestra cultura, geográficamente como describía Borges: …”Buenos aires solo puede definirse a partir de su río. De este lado el rió infinito del mismo color del desierto: del otro lado, igualmente definitorio y devorador, el desierto del mismo color del río”… 

Las vetas auríferas brotaron en el cerro de Potosí en el alto Perú  en 1545 y desde entonces a través de las rutas y el intercambio  la platería comenzó a perfilar su rasgo de identidad en  el Río de la Plata y la pampa argentina.
En la pequeña aldea de buenos aires, para fines del siglo XVII, se hallaban documentados 28 plateros para una población apenas superior a 5.000 habitantes. La cifra llega a 200 para las dos últimas décadas del siglo XVIII, con una población que rondaba los 32.200 habitantes, constituyéndose así en la cofradía de artesanos más fuerte e influyente en la capital del Río de la Plata. 
Una consecuencia de las luchas independentistas fue la perdida de las minas de Potosí. Pero esta perdida y la separación cultural de Perú y España, a su vez, permitieron que el arte de la platería rioplatense despegara y adquiriera su propia identidad. Ya no existieron dependencias de estilos, sino un nuevo crisol de tendencias y formulaciones estéticas en donde amalgamar los restos de la tradición hispanoamericana con los nuevos diseños y técnicas importados desde Europa.


Platería en el Río de la Plata
El primer platero llegado a estas tierras en el siglo XVI fue el andaluz Juan Velázquez, platero y pintor, que vino en la expedición de don Pedro de Mendoza.
Con Pancaldo, en 1538, llegó un maestro llamado Jaques que trabajó de ensayador en Asunción en 1554; con Sebastián Gaboto arribó el lapidario Hans Bunberke de Maguncia, que vivió en Sancti Spirítus. En la expedición de Juan Ortíz de Zarate que embarca en 1572, figuran los jóvenes ensayadores de metales Francisco Ruiz Canales, de 24 años y el platero Francisco Carrasco de 23. A principio del siglo XVII se menciona en las actas al oribe Miguel Pérez y al platero Melchor Migues. Se sabe que al pendenciero Migues se lo condena por heridas y se le ordena labrar en plata el escudo de la ciudad, "un pellicano con cinco hixos". No se sabe si esta pieza fue alguna vez labrada. Manuel Mujica Láinez en un cuento de Misteriosa Buenos Aires se imagina la situación del platero y dice que a Melchor Migues le "gusta su oficio: es tarea delicada, señoril, requiere paciencia y arte".
Los pocos orfebres de Buenos Aires de aquella época deben haber labrado piezas simples, para uso doméstico y son las que figuran en las actas de testamentos, inventarios, etc. Las piezas de plata más importantes, de estilo barroco, especialmente las que se relacionan con el uso litúrgico, fueron traídas desde el Perú, como, por ejemplo, los abigarrados frontales de altar.

Los orfebres portugueses, que llegaron conociendo bien su oficio, entraban clandestinamente. El primero, Rodrigo Ferreira, fue expulsado por orden del teniente gobernador Frías el mismo año en que entró, 1603. Las Leyes de Indias prohibían abrir taller a los extranjeros. Para lograr la condición de vecinos, los portugueses se casaban con mujeres descendientes de conquistadores, y entonces sí cumplían con las exigencias de las Leyes de Indias: constituían cabeza de familia, tenían casa poblada y ejercían oficio útil.

En España, los Reyes Católicos en sus Pragmáticas de 1488 habían establecido "que cada artista tuviera una marca especial que se había de imprimir en todas las piezas por ellos labradas", las piezas debían llevar junto con el punzón del platero, uno "de la ciudad que imponía el mercado."
El diseño del punzón de los maestros plateros debía quedar archivado en un registro especial del Cabildo.


A principios del siglo XVII los plateros que fueron censados en la Ciudad de Buenos Aires, eran 15; a mediados del mismo siglo, se contaron 25. Para poner un poco de orden, en 1788, el intendente general de la Real Hacienda, Francisco de Paula Sanz, promulgó un bando con el objeto de reglamentar la organización de un gremio. Establecía  que "nadie podía ejercer el oficio, ni podía instalar tienda y abrir vidriera si antes no demostraba haber desempeñado el oficio con cargo de aprendiz durante cinco años, más dos como oficial, bajo las órdenes de maestro conocido, a cuyo término se le expedía la competente certificación."
Ese año el Cabildo empadronó a los plateros que debieron aprobar un examen teórico práctico, previa demostración de "limpieza de sangre y arreglada conducta." Se registraron 47 plateros, de los cuales 25 habían nacido en América, 15 eran portugueses, 5 españoles y 2 naturales de la isla de Malta.
Si antes de este bando de 1788, algún platero había tenido tienda y la había cerrado, debía rendir nuevamente examen para reabrirla porque "pudo habérsele olvidada el Arte, dejándola de exercitar, o pudo ser que la levantase porque no hubiese quien lo quisiere ocupar, conosiéndosele falto de instrucción".

En 1791 se documentó la existencia de 38 obradores según "la vista hecha por Juan Antonio Callexas y Sandoval", a pedido del virrey don Nicolás de Arredondo "a fin de evitar los fraudes y desórdenes q(u)e representa el apoderado del gremio de Plateros, prohíbo q[u]e otra persona fuera de los Maestros aprobados del Arte, trabajen piezas de Platería en sus tiendas públicas con precisión deponer su marca en las obras que trataxen bajo de la multa de doce pesos... y concedo facultad a los Maestros Mayores del gremio q[u]e lo tengan por conveniente visitar las Tiendas, Talleres y demás oficinas".
En la sociedad colonial los plateros ocupaban un lugar importante. Para las fiestas religiosas, como por ejemplo Corpus Cristi, los plateros tenían el privilegio de seguir a los clérigos en la procesión. Estaban presentes en las fiestas públicas y para la proclamación de los reyes fundían medallas: en 1760 fueron para Carlos III, en 1790 para Carlos IV, en 1808 para Fernando VII.

La medalla de plata en honor del Rey Carlos IV fue distribuida al público por los padres del Convenio de Santa Catalina. Estas medallas llevan un monograma con las letras A, B y una s más pequeña que se le atribuye al orfebre Juan de Dios Rivera. Éste fue el punzón para la Ciudad de Buenos Aires.
En la primera mitad del siglo XVIII, aumenta la cantidad de plateros portugueses a pesar de las insistencias de los plateros españoles que querían limitar esta competencia; a principios del siglo XIX, también llegaron plateros europeos, especialmente italianos que introducen cambios que renovarán los estilos en el labrado de plata. 
En el Río de la Plata las piezas del siglo XVII fueron labradas en estilo barroco, pero las hechas por los plateros rioplatenses fueron mucho más sencillas que aquellas traídas del Perú y del Alto Perú, hechas por manos mucho más expertas.
Los plateros en el Alto Perú, para evitar el pago del quinto real, sólo marcaron parte de las piezas, el excedente se comercializaba ilegalmente en otras regiones o en los dominios portugueses.
Las obras más importantes del siglo XVII son los deslumbrantes frontales del Museo Histórico de Rosario que llegó de Lima, y de la Iglesia del Pilar, que también fue labrado en el Perú; el altar de los Dominicos en Córdoba; la custodia de la Catedral de Córdoba; las placas ornamentales y los marcos del Museo Fernández Blanco, para nombrar algunas pocas. La platería de uso doméstico y la vajilla de plata era Corriente en las casas de los porteños acomodados.


Estos objetos poseen escasa decoración pero su austera belleza de armónicas proporciones las hace muy atractivas. Las piezas labradas en estilo rococó en Buenos Aires en la segunda mitad del XVIII, tienen gran influencia portuguesa.
A partir de 1816, cuando el país comienza su vida independiente, la legislación de Indias caduca y el libre comercio se impone en las Provincias Unidas del Río de la Plata, donde se permite ejercer la profesión de platero a quien lo solicite.
Durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas, que renueva el proteccionismo de la industria local y prohíbe el ingreso de piezas europeas, la platería inicia un período de prosperidad. Los plateros, especialmente los lomilleros, reciben encargos del ejército, de los paisanos y de los caciques pampa. El enjaezado equino pasa a ser gran preocupación del paisano. El padre Furlong llama a esta pasión idolatría equina.
Rosas obligó a los plateros a firmar sus obras, las primeras piezas firmadas tienen simples punzones, sin ornatos, con los nombres de los orfebres, Silva o Merlo, por ejemplo. Piezas con estos punzones son hoy orgullo de grandes coleccionistas.
Entre los artistas italianos que invita Justo José de Urquiza a trabajar en Entre Ríos, también hay plateros. Las lujosas piezas que allí se labran tienen firmas famosas: J.Risso, Nicolás Pérsico, el famoso platero del pretal de Urquiza, Pablo Cataldi, Luis Parodi y Jacinto Cagnoli.



Rosas representa la platería de la Provincia de Buenos Aires. El despojado estilo bonaerense tiene las cuidadas proporciones del estilo Herrera de principios del siglo XVII en España, la plata casi sin ornamentar, lisa y bruñida de líneas simétricas, indicadora de una opulenta austeridad. Atraen por la belleza de las proporciones, de diseño simple, formas geométricas, discretas molduras, bordes ondulados, guardas cinceladas.
Urquiza, en cambio, representa una platería más barroca, de origen italiano y lusitano que influenció grandemente la platería labrada en el Litoral. A medida que avanza el siglo XIX, las severas líneas neoclásicas son incluidas en las obras, las influencias egipcias (palmetas), griegas y romanas (grecas, drapeados, guirnaldas) invaden las piezas de la época. Después de Caseros, cuando se inicia el proceso de Organización nacional, el panorama cambia rápidamente. Los orfebres ya no se concentran en Buenos Aires y las identidades locales se empiezan a afirmar: hay plateros en muchas poblaciones del interior. Desde 1870 las técnicas mecánicas: tornos, balancines, laminadoras y pulidoras modifican el lenguaje estético. La fragua se ha cambiado por el soplete para fundir el metal y los motores se han agregado para facilitar el trabajo. El estilo copia las modas europeas y el eclecticismo pasa a ser la constante, no sólo en platería sino en todas las demás artes también. Pero quedan en la Argentina grandes plateros, muchos de ellos de larga trayectoria que trabajan artesanalmente sus piezas y que son dignas de grandes Colecciones.


Objetos de uso domestico
Los objetos de plata de uso doméstico reflejan las costumbres de la sociedad rioplatense. La iconografía de la época, las crónicas de numerosos viajeros, los inventarios de dotes, testamentos, y muchos otros documentos, atestiguan la gran cantidad de vajilla destinada al uso diario. Muchos de estos objetos fueron hechos por plateros rioplatenses, otros, los más antiguos, llegaron del Perú y del Alto Perú en la época de la colonia. La vajilla rioplatense es particularmente sobria con superficies lisas y bruñidas y con escasa ornamentación. Muchos de estos objetos se usan aún hoy, como  el mate y la bombilla.






Entre la piezas más usadas en los siglos XVII, XVIII y XIX, están los guamaniles que, junto con las jofainas, servían para la higiene; bernegales, grandes tazas de dos asas; pequeños braseros o chofetas, jícaras y jarros  inmensos marcos de plata; despabiladoras, tijeras  especiales para cortar la parte carbonizada de los pabilos de las velas; soperas; teteras; azucareras, tinteros, platos, fuentes y cubiertos; chocolateras; jícaras, pebeteros, pailas, candeleros; palmatorias, escribanías, utensilios que además del reservorio para tinta tenían lugar para plumas y contenedor de arena.



Objetos de uso rural
La platería rural surge hacia fines del siglo XIII como producción específicamente rioplatense.
La escuela porteña, sencilla y de neta influencia hispana, llega a su máxima expresión en la época de Rosas. La escuela entrerriana, más rica y sofisticada en sus diseños y figuras, con influencia italiana y luso-brasilera abarca la totalidad de nuestro Litoral.
El padre Furlong, dice que grande fue la preocupación del paisano por su caballo y sus aperos: "Se podría hablar de la 'idolatría equina' que hubo entre nosotros, hasta muy entrada la segunda mitad del siglo XIX, y aún hasta principios del XX."
Esta equitis, como la llama el padre Furlong, se prolongó en el tiempo.


En los últimos años del siglo XIX, la incorporación de técnicas industriales produce un auge en la producción de piezas de uso rural. Se instalan en Buenos Aires y Rosario casas alemanas, inglesas y francesas importadoras de "platería criolla" hecha en Europa. Se llegaron a imitar las monedas para los tiradores de los paisanos. Es conocido el caso de la sociedad belga Sholberg que traía réplicas de estribos, arreadores, pasadores y cabezadas hechos en "plata alemana", es decir alpaca, con un punzón con un sol.


Platería Pampa
"¿Qué es más antiguo, la plata o el oro? La plata es más antigua, según sabían decir los viejos. Cuando una vez el Padre Sol le pegó a la Madre Luna y la hizo caer, ella lloró lágrimas de plata. Después se fue y dejó solo a su marido. Cuando él se quedó solo y comprendió su maldad, lloró también lágrimas calientes que se convirtieron en oro. Así es que la plata es más antigua. "
Bertha Kóssler-Ilg, Tradiciones araucanas

Desde el siglo XVI, la palabra pampa (vocablo de origen quechua para denominar un lugar llano) fue el término usado por los criollos para llamar no sólo la inmensa llanura argentina, sino también, por extensión y colectivamente, a las numerosas parcialidades de indígenas que la recorrían. Todas estas tribus fueron absorbidas, más tarde, por los indígenas que comenzaron a cruzar la Cordillera de los Andes desde Chile en la segunda mitad del siglo XVII.
En Chile, los integrantes de estas tribus fueron llamados araucanos por los españoles, porque provenían del Valle de Arauco o mapuches, como ellos mismos se llamaban, de nguluche, gente del Oeste. Los araucanos, de gran capacidad guerrera, indómitos y orgullosos, no habían podido ser dominados por los Incas que los habían invadido poco antes de la Conquista.
Pero la invasión incaica había dejado su rastro: los araucanos, especialmente los Picunches, habían asimilado elementos de su cultura, habían aprendido no sólo a trabajar la plata sino que también habían aprendido a enorgullecerse de su uso. El brillo de la plata había adquirido un valor mágico para ellos, lo asociaban a la energía luminosa del cosmos, se había convertido en un símbolo de poder y nobleza.


Lucio V. Mansilla en Una Excursión a los Indios Ranqueles describe el toldo que el cacique Ramón usa de taller: "Ya he dicho que Ramón es platero y que este arte es común entre los indios. Ellos trabajan espuelas, estribos, cabezadas, pretales, aros, pulseras, prendedores y otros adornos femeninos y masculinos, como sortijas y yesqueros. Funden la plata, la purifican en el crisol, la ligan, la baten a martillo, dándole la forma que quieren y la cincelan."...
"La fragua consistía en un paralelepípedo de adobe crudo. Tenía dos fuelles y se conocía que el día anterior habían trabajado; las cenizas estaban tibias aún. En un saco de cuero había carbón de leña y sobre la mesa se veían varios instrumentos cortantes, martillos y limas rotas."
Al partir, Ramón le dice a Mansilla que no se olvide de mandarle las herramientas que necesita para su trabajo de platero: un yunque, un martillo, unas tenazas, un torno, una lima fina, un alicate, un crisol, un bruñidor, piedra lápiz y atíncar (bórax).
La profesión de platero fue muy apreciada por los indígenas y si entre los prisioneros de guerra había un platero, era tratado con especial consideración. Quizá hubo plateros entre los indígenas, pero lo más probable es que las alhajas araucanas, piezas similares que se repetían con pocos cambios, fueran traídas de Chile. Raúl Morris von Bennewitz en su libro Plata Mapuche, dice que las indígenas sólo usaban piezas trabajadas por plateros mapuches. Sólo esas piezas podían protegerlas de los encantamientos de los malos espíritus.
Las piezas relacionadas con el apero de montar, en cambio, fueron labradas por los plateros de frontera, especialmente aquellos de la zona del Azul. Estos plateros, mejor pertrechados en lo referente a técnicas, fueron los que decidieron el estilo usado en la platería para enjaezar no sólo los caballos de los indígenas sino también los caballos de los paisanos de la pampa. 

Adornos y colgantes
Los adornos más comunes de las prendas araucanas eran unas cupulitas llamadas llof-llof o llef-llef. Tienen entre 2 y 4 mm de diámetro con dos ojalillos al borde para ser cosidas a las fajas en hileras paralelas. Se re pujaban sobre un negativo usando delgados discos de plata. Para un nitrowe eran necesarias entre 1.000 v 5.000 cupulitas. 
Los colgantes tenían variadas formas, podían ser re dondos, antropomorfos, podían tener forma de flores como el copihue, el chilco  o el canelo, podían ser diminutos cencerros, cruces, medallas o monedas. Choi-llol o lloll-lloll son campanillas o conitos de plata que se colgaban por medio de un eslabón en forma de "s" cerrada a las prendas de las indígenas como decoración y que sonaban al menor movimiento. Pueden tener un alto de 1 a 2 cm. Este suave tintineo no sólo aumentaba la seducción de la mujer, sino que alejaba además los malos espíritus. Tralal-tralal son pequeños cencerros de plata que se cuelgan de cadenas trenzadas. 


La cruz araucana tiene los cuatro extremos iguales, salvo el extremo inferior que suele ensancharse hacia abajo. Las medallas, llamadas medellas por los indígenas, tienen un pequeño eslabón para sujetarlas a las prendas. Se usaban en el trarilonco, en los prendedores y en el trapelacucha. El pillán o pum pum tiene forma antropomorfa. Pillán es un ser sobrenatural, la encarnación de los antepasados importantes de todas las familias araucanas. Regni-regni o rugni-rugni son pequeños tubos de plata trabajados de placas rectangulares y delgadas que se enrollan alrededor de varillas duras y cuyos bordes permanecen sin sutura. Se usan en piezas compuestas de dos o tres cadenas unidas en su parte superior. Cada cadena está compuesta por los tubos de plata y cuentas de vidrio, de plata o bronce y mostacillas rematadas por una pieza de plata. Esta pieza se sujetaba a uno de los extremos del llancatu. Los yihue o llhues son vasos de plata, anchos y bajos pura muday (bebida fermentada de maíz), se hacían mediante el batido a martillo de una chapa de plata.

El apero araucano
El caballo fue rápidamente adoptado por los indígenas que copiaron el apero usado por españoles y criollos. Estas piezas fueron labradas por plateros de frontera. Los moldes y motivos usados fueron sin duda de origen europeo. El adorno de la cabalgadura era esencial para el cacique, cuanto más fama tenía, Cuanto más gente conducía, mejor ornamento debía tener su caballo



Para sus estribos simples o de campana se usaron pasadores redondos o chatos. Todo a lo largo de las riendas, que se enganchaban al freno, había adornos de anillos de unos dos centímetros. El cabezal repetía el Ornamento de las riendas incluyendo una placa decorada en el frente. También estaban decoradas las  rosetas que remataban el pesado freno de hierro con un suave cincelado a flor de agua. De este freno muchas veces colgaba un portezuelo, un arco de plata que le impedía al caballo Comer cómodamente. También las espuelas se parecían a las criollas, con rodajas de hierro, alzaprima de eslabones y broche rematado en ostión.


El estilo de la llanura
La platería pampa, llamada estilo de la llanura o estilo pampa, presenta decoración geométrica, líneas simples y, a menudo, simétricas, repetidas o alternadas. Para las formas definidas, los plateros usaron el recurso de líneas y puntos trabajados con burilado a flor de agua, así representaron la flora y fauna del lugar y los símbolos de su cosmovisión. Solamente en algunas piezas aparecen calados y recortes.
Las piezas que presentan figuras de pájaros, insectos o serpientes, (ornamentaciones que no inspiran temor) suelen ser antiguas; más tarde estos ornamentos se hicieron más abstractos y estilizados. Es difícil encontrar piezas antiguas, ya que los mismos araucanos fundían las piezas deterioradas para labrar alhajas más nuevas.


Fue frecuente el uso de la técnica del batido a martillo: las piezas son placas lisas y chatas de formas definidas: cuadrados, rectángulos, círculos, unidos por algún tipo de cadena y rematados por pequeños colgantes. Las técnicas más sofisticadas, como el procedimiento a la cera perdida o el bruñido, no fueron empleadas por los pampas. El mineral usado fue a menudo de muy baja calidad, especialmente el que se utilizó en la segunda mitad del siglo XIX. Sus piezas muchas veces fueron elementales imitaciones de piezas usadas por españoles y criollos, especialmente aquellas relacionadas con las tareas rurales. Hasta su terminología copia muchas veces las palabras españolas: cafezatu: cabezada, istipu: estribo.
Pero la belleza de las piezas pampa radica exactamente en eso, en su llamativa simpleza, en sus armónicas proporciones, en la carencia de adornos, en la plata lisa de rústico pulido.

Arq. Diego Fernando Servetto.
(Textos publicado el 24 Abril de 2013, Blog A5 PU-PA)

Fuentes consultadas: 
- Catálogo de la colección Museo Nacional de Bellas Artes.
- Pintura argentina Proyecto cultural Arte para Todos Banco Velox  Precursores I Precursores II
- Platería Criolla, Mónica Gloria Hoss de le Compte.
- Platería criolla Suplemento viajes Clarín
- Origen de la platería criolla, Roberto Vega en La Nación Campo
- 500 años de historia argentina, Félix Luna.
- Una excursión a los indios Ranqueles, Lucio v. Mansilla.
- Diálogos de Cátedra, Alejandro Falabella, Arquitecto argentino.

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